viernes, 4 de julio de 2014

Apunte Nº 4: Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen es más que un nombre del que no nos gustaría vernos obligado a pronunciar y el Barón Rojo es más que el nombre del primer café con piernas de nuestro país. El hecho es que ambos son la misma persona, el piloto alemán que, según se cuenta, logró derribar ochenta aviones enemigos.
La importancia conferida a este personaje nos permite ver, primero, la importancia de los denominados “ases de combate”, personajes de los que se resalta sus hazañas bélicas y cuyos nombres son utilizados por los aparatos propagandísticos para elevar la moral de los soldados.
No hacía ni quince años se había logrado surcar los aires en aviones y ya era tiempo de utilizar este nuevo invento en la guerra de forma masiva. La Primera Guerra Mundial constituye así el primer conflicto bélico en el que la aviación resulta clave. Las guerras que vendrán ya no serán lo mismo. La superioridad en el aire se volverá de importancia vital y este factor se irá incrementando en el tiempo en la medida que los aviones se vayan volviendo inalcanzables desde tierra. Para ello, no obstante, faltaba mucho. Se dijo en el reporte oficial que el temido y respetado barón rojo murió en una contienda con un adversario en el aire, sin embargo estudios recientes parecen demostrar que fue derribado por un soldado de infantería que disparó desde el suelo.

Apunte Nº 5: En la construcción del orden de postguerra tras el final de la Primera Guerra Mundial presenta un escenario de múltiples marginalizaciones. Estados Unidos que se automarginaba de la política internacional retornando a su tradicional aislacionismo, Rusia que era aislado por la herejía bolchevique, Alemania que lo era por haber sido declarada “culpable de la guerra” y millones a los que se les negaba el derecho a formar ser parte de sus estados nacionales o a formar uno propio. El tiempo se encargaría, como juez implacable que siempre es, en demostrar que una paz así no podía durar.


Apunte Nº 6: El principio “utis possidetis” fue una solución práctica y, en su momento, efectiva para resolver el problema de los nuevos países que nacían en América. El problema fue que los límites de las gobernaciones sólo se referían a las áreas de ocupación efectiva del Imperio español y dejaba fuera extensas áreas de selvas, desiertos y cadenas montañosas. Emergía así el fantasma de la guerra. 

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