Apunte
Nº 4: Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen es
más que un nombre del que no nos gustaría vernos obligado a pronunciar y el
Barón Rojo es más que el nombre del primer café con piernas de nuestro país. El
hecho es que ambos son la misma persona, el piloto alemán que, según se cuenta,
logró derribar ochenta aviones enemigos.
La importancia conferida a este personaje nos
permite ver, primero, la importancia de los denominados “ases de combate”,
personajes de los que se resalta sus hazañas bélicas y cuyos nombres son
utilizados por los aparatos propagandísticos para elevar la moral de los
soldados.
No hacía ni quince años se había logrado surcar
los aires en aviones y ya era tiempo de utilizar este nuevo invento en la
guerra de forma masiva. La Primera Guerra Mundial constituye así el primer
conflicto bélico en el que la aviación resulta clave. Las guerras que vendrán
ya no serán lo mismo. La superioridad en el aire se volverá de importancia
vital y este factor se irá incrementando en el tiempo en la medida que los
aviones se vayan volviendo inalcanzables desde tierra. Para ello, no obstante,
faltaba mucho. Se dijo en el reporte oficial que el temido y respetado barón
rojo murió en una contienda con un adversario en el aire, sin embargo estudios
recientes parecen demostrar que fue derribado por un soldado de infantería que
disparó desde el suelo.
Apunte
Nº 5: En la construcción del orden de postguerra tras
el final de la Primera Guerra Mundial presenta un escenario de múltiples
marginalizaciones. Estados Unidos que se automarginaba de la política
internacional retornando a su tradicional aislacionismo, Rusia que era aislado
por la herejía bolchevique, Alemania que lo era por haber sido declarada “culpable
de la guerra” y millones a los que se les negaba el derecho a formar ser parte
de sus estados nacionales o a formar uno propio. El tiempo se encargaría, como
juez implacable que siempre es, en demostrar que una paz así no podía durar.
Apunte
Nº 6: El principio “utis possidetis” fue una solución
práctica y, en su momento, efectiva para resolver el problema de los nuevos
países que nacían en América. El problema fue que los límites de las
gobernaciones sólo se referían a las áreas de ocupación efectiva del Imperio
español y dejaba fuera extensas áreas de selvas, desiertos y cadenas
montañosas. Emergía así el fantasma de la guerra.
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