martes, 1 de julio de 2014

Apunte Nº 1: El mismo día que la selección chilena de fútbol parecía que eliminaba al equipo anfitrión del mundial, Brasil, en su propio país, un hecho pasó desapercibido, la conmemoración del centenario del asesinato del príncipe heredero del trono austriaco, hecho que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Este conflicto constituye uno de los hechos de mayor trascendencia para la Historia de la humanidad debido, no sólo al impacto del momento, sino a sus múltiples consecuencias, entre ellas, el cambio de percepción auditiva, visual y conceptual sobre la actividad bélica. 
Hasta este conflicto la guerra constituía una “actividad de caballeros”, un campo en el que se demostraba la hombría y el valor. Pero el ruido de los gritos de batalla y las cargas de caballería fue reemplazado por el detonar de las explosiones o los gritos de dolor de quienes se les quemaba la piel y los pulmones con las armas químicas. La imagen de los gloriosos batallones frente a frente o marchando victoriosos se reemplazó por el barro y el humo de las trincheras. Y esto para ganadores y perdedores para quienes la mayor parte de la guerra la vivieron en aquellas inmundas zanjas.
No es de extrañar entonces que tras el fin de las hostilidades haya nacido una fuerte corriente pacifista que se hizo notar en la política y en el arte. Se dijo que ésta iba a ser la última de las guerras, pero la Historia, determinada por las malas decisiones de los hombres, habría de decir otra cosa, ya que aunque no los sabían, la humanidad estaba a un  par de décadas de teñirse nuevamente de rojo, de un rojo aún más intenso.

Apunte Nº 2: Hoy en día no existen lo que podríamos llamar “razas humanas”. Si comparamos las diferencias de un nativo de África con uno de Noruega veremos características fenotípicas claramente distintas, pero nada comparables a las que podrían representar un pastor alemán con un poodle. Hubo, eso sí, una época remota en la que coexistieron distintas razas. Fue este el caso del hombre de Neardental que, a diferencia de otros homínidos, no parece haber constituido una especie diferente a la de nosotros, los homo sapiens. Fuimos razas distintas por las diferencias notorias pero la misma especie, ya que, parece ser, hubo un cruce con descendencia fértil.  


Apunte Nº3: El Egipto antiguo nos produce hoy una extraña fascinación. Existen varias civilizaciones tanto o más antiguas que ella, pero la diferencia es que se edificaron en zonas menos accesibles para los occidentales y que no han permitido tan bien la conservación de los restos. En ese sentido el desierto no fue sólo el escenario que les permitió a los antiguos egipcios la construcción de su gloriosa cultura, sino que también ha sido el que ha permitido conservarla para la posteridad.  

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